Esta semana hemos comenzado una nueva serie de sermones titulada «Cada Última Gota». A lo largo de esta serie, estamos respondiendo a una pregunta importante —y a la vez profunda—: «¿Cómo amamos a Dios?». Verán, las Escrituras dejan claro que lo más importante que podemos hacer con nuestras vidas es crecer en nuestra relación con Dios y amarlo con todo nuestro ser. Durante las próximas semanas, recurriremos a las Escrituras para comprender, de manera específica, cómo podemos amar a Dios con todo lo que hay en nosotros como seguidores de Cristo plenamente entregados; comenzando por amarlo con todo nuestro corazón y toda nuestra alma.
¿Cuál es tu lenguaje del amor, la forma en que más a menudo te sientes amado?
1. Lee Marcos 12:28-31. ¿Cuál de las formas en que estamos llamados a amar a Dios te sorprende más? ¿Por qué?
Marcos 12:28-31
28 Sin embargo, si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado y está entre ustedes. 29 Pues, ¿quién tiene suficiente poder para entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes? Solo alguien aún más fuerte, alguien que pudiera atarlo y después saquear su casa. 30 »El que no está conmigo, a mí se opone, y el que no trabaja conmigo, en realidad, trabaja en mi contra. 31 »Por eso les digo, cualquier pecado y blasfemia pueden ser perdonados, excepto la blasfemia contra el Espíritu Santo, que jamás será perdonada.
2. Lee Jeremías 17:9-10. ¿De qué manera el corazón humano es engañoso?
Jeremías 17:9-10
9 »El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso. ¿Quién realmente sabe qué tan malo es? 10 Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida recompensa, según lo merecen sus acciones».
3. Lee Salmos 139:23-24. Describe la postura del corazón de David, el escritor de este Salmo, en este pasaje de las Escrituras. ¿Cómo demostró cómo es amar a Dios con nuestro corazón y el alma en esta oración a Dios?
Salmos 139:23-24
23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. 24 Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna.
4. Lee Ezequiel 36:26-27. ¿Qué aliento proporciona este pasaje cuando se trata de nuestro llamado a amar a Dios con corazón y alma?
Ezequiel 36:26-27
26 Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo. 27 Pondré mi Espíritu en ustedes para que sigan mis decretos y se aseguren de obedecer mis ordenanzas.
1. Después de leer las Escrituras que estudiaste hoy, ¿cómo explicarías lo que significa amar a Dios con tu corazón y alma?
2. ¿Cómo podemos protegernos contra cualquier engaño que pueda estar en nuestros corazones?
3. ¿Qué te esta imteniendo de amar a Dios con todo tu corazón y alma?
Salmos 139:23-24 nos ofrece una profunda perspectiva sobre cómo David amaba a Dios con su corazón y su alma. Vuelve a examinar la oración que él elevó en ese pasaje de las Escrituras. ¿Qué parte de la oración de David te gustaría tomar como ejemplo y orar tú también, en tu búsqueda por amar a Dios con todo tu corazón y tu alma? ¿Por qué? Comparte estas respuestas con tu grupo y comprométete a orar esa porción de la oración de David cada día durante la próxima semana.
Hechos 13:22 describe a David como «un hombre conforme al propio corazón [de Dios]». En otras palabras, era un hombre que amaba a Dios con todo su corazón y su alma. De ninguna manera era una persona perfecta; de hecho, las Escrituras registran sus graves pecados y errores. A pesar de todo ello —tanto lo bueno como lo malo—, David continuó amando a Dios con su corazón y su alma. Durante los próximos momentos, profundizaremos en lo que las Escrituras nos enseñan acerca de David y la disposición de su corazón, para así aprender de su ejemplo cómo amar a Dios con nuestro corazón y nuestra alma. Al aprender de él —incluso de sus errores—, descubriremos tres formas de amar a Dios basadas en el ejemplo de David: guardarnos de la tentación, tomarnos el pecado en serio y seguir la guía de Dios.
Al estudiar estos momentos de la vida de David, podemos aprender de sus errores para amar mejor a Dios con nuestro corazón y nuestra alma. Verán, aunque David amaba a Dios, en ocasiones siguió a su propio corazón pecaminoso en lugar de seguir a Dios. Quizás el relato más conocido de este comportamiento se encuentra en 2 Samuel 11. Echemos un vistazo ahora a este pasaje de las Escrituras para comprender cómo podemos aprender de sus errores.
1. Lee 2 Samuel 11:1-5. ¿Qué podría haber hecho David para evitar escuchar a su propio corazón pecaminoso y cometer una trágica serie de errores?
2 Samuel 11:1-5
11 En la primavera, cuando los reyes suelen salir a la guerra, David envió a Joab y al ejército israelita para pelear contra los amonitas. Destruyeron al ejército amonita y sitiaron la ciudad de Rabá. Sin embargo, David se quedó en Jerusalén. 2 Una tarde, después del descanso de mediodía, David se levantó de la cama y subió a caminar por la azotea del palacio. Mientras miraba hacia la ciudad, vio a una mujer de belleza singular que estaba bañándose. 3 Luego envió a alguien para que averiguara quién era la mujer y le dijeron: «Es Betsabé, hija de Eliam y esposa de Urías el hitita». 4 Así que David envió mensajeros para que la trajeran y cuando llegó al palacio, se acostó con ella. Luego ella regresó a su casa. (Betsabé recién había terminado los ritos de purificación posteriores a su período menstrual). 5 Tiempo después, cuando Betsabé descubrió que estaba embarazada, le envió el siguiente mensaje a David: «Estoy embarazada».
2. Lee 1 Pedro 5:8-9. ¿Cómo podría David haberse beneficiado de seguir las instrucciones dadas en este pasaje de las Escrituras?
1 Pedro 5:8-9
8 ¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar. 9 Manténganse firmes contra él y sean fuertes en su fe. Recuerden que su familia de creyentes en todo el mundo también está pasando por el mismo sufrimiento.
3. ¿Qué tentación te enfrentas actualmente y cómo puedes protegerte contra ella?
La verdad es que ninguno de nosotros es perfecto. Cada uno de nosotros, en ocasiones, cometerá errores y cederá ante pecados que le rompen el corazón a Dios. Cuando pecamos y cometemos errores, estos no deben tomarse a la ligera. Después de todo, nuestros pecados le rompen el corazón a Dios y tienen graves consecuencias. Tómese unos momentos ahora para aprender de David cómo podemos amar a Dios con todo nuestro corazón y nuestra alma cuando nos enfrentamos a nuestro pecado.
1. Lee los Salmos 51:1-4 y los Salmos 51:16-17. David escribió el Salmo 51 después de enfrentarse al pecado que cometió en 2 Samuel 11.
Salmos 51:1-4.
51 Ten misericordia de mí, oh Dios, debido a tu amor inagotable; a causa de tu gran compasión, borra la mancha de mis pecados. 2 Lávame de la culpa hasta que quede limpio y purifícame de mis pecados. 3 Pues reconozco mis rebeliones; día y noche me persiguen. 4 Contra ti y solo contra ti he pecado; he hecho lo que es malo ante tus ojos. Quedará demostrado que tienes razón en lo que dices y que tu juicio contra mí es justo.
Salmos 51:16-17
16 Tú no deseas sacrificios; de lo contrario, te ofrecería uno. Tampoco quieres una ofrenda quemada. 17 El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado; tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios.
2. ¿Qué reconoció David sobre su pecado en este pasaje de las Escrituras?
3. ¿Por qué deberíamos tomar el pecado en serio, según este pasaje de las Escrituras?
4. ¿Cómo has experimentado los beneficios de la confesión en tu vida?
Puede que David haya seguido a su propio corazón en 2 Samuel 11, pero sabía que existía un camino mejor. Sabía que solo Dios trae la verdadera vida. Echa un vistazo a lo que escribió acerca de seguir a Dios en el Salmo 25. Si queremos amar a Dios con nuestro corazón y nuestra alma, debemos seguir su guía en lugar de a nuestro propio corazón.
1. Lee Salmos 25:1-10.
Salmos 25:1-10.
25 Oh Señor, te entrego mi vida. 2 ¡Confío en ti, mi Dios! No permitas que me avergüencen, ni dejes que mis enemigos se regodeen en mi derrota. 3 Nadie que confíe en ti será jamás avergonzado, pero la deshonra les llega a los que tratan de engañar a otros. 4 Muéstrame la senda correcta, oh Señor; señálame el camino que debo seguir. 5 Guíame con tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios que me salva. Todo el día pongo en ti mi esperanza. 6 Recuerda, oh Señor, tu compasión y tu amor inagotable, que has mostrado desde hace siglos. 7 No te acuerdes de los pecados de rebeldía durante mi juventud. Acuérdate de mí a la luz de tu amor inagotable, porque tú eres misericordioso, oh Señor. 8 El Señor es bueno y hace lo correcto; les muestra el buen camino a los que andan descarriados. 9 Guía a los humildes para que hagan lo correcto; les enseña su camino. 10 El Señor guía con fidelidad y amor inagotable a todos los que obedecen su pacto y cumplen sus exigencias.
2. Después de leer este pasaje de las Escrituras, ¿qué está en juego si elegimos seguir a alguien o algo en este mundo en lugar de seguir a Dios?
3. ¿Cómo has encontrado la conclusión de David de que Dios «muestra el camino adecuado aquellos que se extravían» y «gía a los humildes en hacer lo correcto»?
4. ¿En qué área de tu vida necesitas seguir la guía de Dios hoy?
Podemos amar a Dios con nuestro corazón y nuestra alma viviendo aquello a lo que Él nos llama en las Escrituras. Basándote en tu lectura bíblica de hoy —la cual se centró en protegernos de la tentación, tomarnos el pecado en serio y seguir la guía de Dios—, ¿cómo puedes amar a Dios con tu corazón y tu alma en este día? ¿Hay algún pecado que confesar, algo que necesites comenzar (o dejar) de hacer, o un mandamiento que obedecer? Cualquiera que sea la forma en que se manifieste para ti el amar a Dios con tu corazón y tu alma, compártelo con tu grupo y comprométete a dar un paso hacia ese amor a Dios con todo tu corazón y tu alma durante esta semana.
Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo. Ezequiel 36:26
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